Curriculum

Gustavo Carbó Berthold

(Barcelona, 18 oct 1941)

 

Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona.

Pertenece al grupo de artistas plásticos que la crítica catalana de la década de los años 60’ denominó “Nova Figuració”. Con el paso del tiempo quedó incluído en la llamada “Generación de los 60” (Por las diferentes muestras que ha realizado con el grupo de artistas como R. Llimós, Arranz Bravo, Artigau, G. Sala, R. Bartolozzi, M. Villà, J. Chancho… (Procedentes todos de la Escuela Superior de Bellas Artes de Sant Jordi de Barcelona).
La última muestra de este grupo fue en el 2008, en el Museu Jaume Morera de la ciudad de Lleida, (“Homenatge a la Generació dels 60”, 11 Artistas).

Inicia estudios de Arquitectura en 1958. Estudios de Arte en Llotja, 1960 y 1961.
De 1962 a 1968 en la Escuela Superior de Bellas Artes de Sant Jordi en Barcelona. También en este Centro amplia sus estudios de grabado.

Dos cursos de Pintura mural en la Escuela Internacional de Pintura Mural en Sant Cugat del Vallés. En 1971 la Fundación de Arte Castellblanch le concede una beca para la ampliación de estudios plásticos en varias ciudades de Europa.

De 1970 a 1973 ejerce como profesor de Dibujo Técnico-gráfico y de Análisis de Formas en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona.

Ha realizado unas 100 exposiciones de carácter personal y ha participado en unas 600 colectivas o de grupo a nivel internacional.

Tiene obra representada en diferentes museos y colecciones públicas.

Su trayectoria artística y profesional se inicia con la primera muestra personal en 1966 en Sitges. En Barcelona lo hace en 1969 en la galería de Arte Moderno. En la Sala del Prado del Ateneo de Madrid en 1971.

En una primera etapa, su quehacer pictórico, con la base de los estudios realizados, se centra en un tipo de pseudofiguración, en un principio, de raíces entre el surrealismo y el absurdo; influída más tarde, en agunos momentos, por el movimiento “pop” y la obra del inglés Francis Bacon. En esta línea y en un relativo corto tiempo realiza gran cantidad de exposiciones y obtiene un importante número de premios en concursos nacionales e internacionales. Sin embargo, la faceta de investigador ya se refleja en obras datadas en 1972-73, como “Vidres”, “Angles”, “Poda Vertical”, “Cadira Ferida”, “No –Sofá”; las de la exposición en la Galeria Nova, Barcelona, 1973; Homenatge a J. Miró en 1973; MAN 74 y “Cotxes al carrer”, Barcelona, 1974; o la realizada para el MAN 75 “Estructura i Relació” (En la Sala Gaudí de Barcelona, 1975).

Obras en su mayoría tridimensionales.

Han escrito sobre su obra en esta etapa críticos como Corredor Matheos, Cesáreo Rodríguez Aguilera, Santos Torroella, Arnau Puig, Rovira Vallés, Alberto del Castillo, Jaume Fabrega, Fernando Gutiérrez, María Lluïssa Borràs, Rosa Gil, Rosa Queralt, J. Bec de Careda, Guillem Diaz Plaja…

En los años 80’ y ya instalado en Cadaqués comienza un trabajo de búsqueda y conceptual con elementos naturales y autóctonos; también un minucioso estudio de composición (Relaciones en las integraciones y desintegraciones formáticas) en sus trabajos de pintura, para a continuación apartarse de la figuración y entrar de lleno en una abstracción evolutiva, como es lógico, con referencias y connotaciones de la etapa anterior, hasta la actualidad.

En 1988 el Museu de l’Empordà acoje una muestra retrospectiva de sus pinturas (1978-88 “10 Anys de Pintura a Cadaqués”) en la que el crítico Enric Sales analiza, en parte, sus trabajos hasta esa mencionada ruptura. La muestra retrospectiva “Dècada” la realiza en 1999 y abarca el período de 1989 a 1999, es decir, obra ya dentro de la nueva etapa de la abstracción. Aquí los textos de más interés respecto a su obra, son de los de X. Barral, los de Mariona Seguranyes, Rodríguez Amat, Tina Casademont, también los de Eudald Camps, Marina Patriarca, J. M. Cadena, Y. Falcó, Cristina Vilà…

Aunque la mayor parte de su obra es pictórica, tiene una producción de trabajos volumétricos, además de los ya citados, de diferentes períodos como los de 1997, expuestos con el título de “Escultures-maquetes desmontables” en las galerías 141, Nagoya, y Strasse, Nishinomya en Japón. También sus intervenciones en los “CAP d’Art” (Muestras Internacio. de Instalaciones en Cap de Creus de 1997 a 2000). La Instalación móvil “Espai móvil radial 3/4” en la muestra “Girona. Orient Art”, Girona 2002. Y el último trabajo de instalación “Mar de Dubtes” (con N. Kihira) en el 2009.

La muestra inicial de “Tercera Década 2000.2010” la realiza en las Salas de Exposiciones del Casino de Cadaqués durante todo el mes de agosto de 2010.

 

Premios (hasta 1985)

1959
19621964
19651966
1967
196819691970
Primer premio (Dibujo y grafismo). Certamen universitario, Barcelona.
Premio “Valls i Taberner” en el concurso “Pintura Joven” de la Sala Parés Primer premio de dibujo en la III Bienal Internacional del Deporte en las Medalla y Accésit en el certamen de pintura “Ciudad de Sabadell”, Sabadell.
Primer premio de pintura en el “I Certamen de Pintura I.E. Norteamericano” en Barcelona.
Primer premio de “Artes Gráficas” (Carteles en Bellas Artes), Barcelona.
Accésit en “Dibujo en Bellas Artes”, Barcelona.
Primer premio de Pintura y Medalla de plata de la Bienal en la “ III Bienal Internacional de Eivissa”, Eivissa.
Premio de pintura Excma. Diputación de Barcelona en el “I Salón Nacional de Artes Plásticas”, Valdepeñas, Ciudad Real.
Tercer premio Nacional de Pintura (Fase N.E.) en la “Exposición Nacional de Arte Contemporáneo 1970”, Barcelona.
1971 Primer premio de Dibujo en la “III Bienal Internacional del Deporte en las Bellas Artes”, Barcelona.
Premio de pintura en el Certamen “III Bienal Internacional Ciudad de Terrassa”, Terrassa.
1974
19751976
198119831985
Accésit en el Certamen nacional de Dibujo “Pancho Cossío”, Santander.
Premio de la Asociazione d’Artisti La Bilanca de Varese en la Muestra Internacional “Italia 2000”, Nápoles, Italia.
Premio único de pintura de la “IV Bienal de Pintura Blanco y Negro”, Madrid.
Premiado (A las 12 obras finalistas de 34 países), en la “I Muestra Internacional del Grabado Mini-Print. Cadaqués 81”, Cadaqués.
Recibe una subvención para profesionales de la Dirección General de Bellas Artes para el proyecto “Lliure Relació”.
Recibe una beca para profesionales de pintura de la Generalitat de Catalunya para el proyecto de la muestra retrospectiva “Década 1989–99”.
Museos y colecciones
Stedeliijk Museum, Ámsterdam.
Museu de Arte Contemporáneo, Madrid.
Museu d’Art Modern, Barcelona.
Museo de Malpartida.
Museo de Arte Contemporáneo de Nicaragua, Managua.
Museu de Porreres.
Museu d’Art Cotemporani Diputació de Girona.
Museu de l’Empordà, Figueres.
Museo Internacional de Electrografía, Cuenca.
Museu d’Art Contemporani d’Eivissa.
Museu d’Art de Cadaqués.
Museu de Arte de Guinea Ecuatorial.
Muzeum Kultury F.I.T. en Varsovia.
Col·lecció Excma. Diputació de Barcelona.
Col·lecció “Testimoni La Caixa”.
Col·lecció “Fons d’Art. Diari Avui”.
Colección Excma. Diputación de Madrid.
Colección de “Blanco y Negro”, Madrid.
Col·lecció de l’Inst. E. Nord-Americans, Barcelona.
Col·lecció Cercle A. Sant Lluc, Barcelona.
Col·lecció Fundació Castellblanch.
Bibliografía (en libro)
Enciclopedia Vivent de la Pintura y Escultura Catalanas. Volumen III
“L’Art Català Contemporani”. Cesáreo Rodríguez Aguilera.
Libro-Catálogo “Exposición Nacional de Arte Contemporáneo 1970”.
Conca. “Una Vanguardia y su Época”.
Libro-Catálogo de la “I Bienal Internacional del Grabado Europeo”, Heidelberg, Alemania.
“Proceso de Creación y Problemas Actuales de la Pintura”. Libro–revista TROPOS.
“2 Segles IXX i XX de Pintura Catalana”. J. Maria Garrut.
Libro-Catálogo “The 4 TH Kochi. International Triennial Exhibitions of Prints”.
Diccionario. Pintores Españoles Contemporáneos. Estiarte Ediciones.
Guia Amir dels Artistes Plàstics.
“El Llegat del POP ART a Catalunya”. Libro-Catálogo.
Diccionario Ràfols.
Libro “Centenari del C. E. de Catalunya”.
“Calcografía Contemporánea a Catalunya”.
Libro-catálogo “De Cap de Creus a Cabo Fisterra”. Ministerio de Fomento.
Instituto Geográfico Nacional.
“Cent Anys de Pintura a Cadaqués”. Joan Josep Tharrats.
ART de Catalunya / Ars Cataloniae. Art i Arquitectura d’avui-La Veu dels artistes.
“Pintors i Escultors de l’Alt Empordà 1839 – 1959”. A. Viñas i Palomer.
Diccionari biogràfic de l’Alt Empordà. Inés Padrosa Gorgot.
Textos publicados en diferentes medios y períodos
2010.- De la muestra retrospectiva “Década 2000-2010”. (ARTE 07.- Diari de Girona)

G. CARBÓ BERTHOLD I L’ESSÈNCIA PICTÒRICA.
Por Eudald Camps. Crítico de arte.

Formatos heroicos.
En las Salas de exposiciones del Casino de Cadaqués se exponen trabajos del artista que difícilmente tendrían cabida en una galería de arte convencional.

Podemos darle las vueltas que queramos, pero parece claro que la estética moderna nació acompañada de una constatación básica, casi elemental: en la obra de arte, sea cual sea su forma, hay algo que sobrepasa nuestra capacidad de catalogación conceptual, una especie de sobreabundancia expresiva que pone al descubierto las limitaciones del lenguaje ordinario –no poético– para alcanzar aquello, como señalaba Borges, se mantiene de manera permanente en forma de inminencia reveladora. Son, de hecho, las ideas estéticas de las cuales habla Kant en la Crítica del Juicio: su función es representar sensiblemente y de manera indirecta ideas racionales y poner sobre la mesa, finalmente, la enorme dificultad que supone, desde un punto de vista conceptual, fijar los límites o el alcance; la imaginación, en este proceso, sustituye a la razón como facultad productiva del conocimiento. No es preciso decir que esta constatación –el arte expresa lo inexpresable– mantiene plena vigencia, incluso, en nuestro momento de resaca postmoderna y, en especial, después de los numerosos enterramientos de la pintura a los cuales hemos asistido desde que las vanguardias decidieran abrir la caja de Pandora; hoy resulta obvio, nos dice J. F. Ybars en su Espacio Intermedio, que la abstracción será el arte del siglo XX, entendida como la “reivindicación del libre ejercicio imaginativo formal hecho por el artista a partir de cualquier pretexto, quizá indeterminado: perceptivo, narrativo, referencial, histórico, iconográfico…”. En todo caso, añadiríamos nosotros, es la potencia reveladora de la pintura la que se afirma una y otra vez en un movimiento reiterado que manifiesta la constante necesidad de caminar hacia delante haciendo de la memoria incorporada el elemento dinamizador, el hecho diferencial del ejercicio plástico.
Los trabajos que G. Carbó Berthold presenta en la actualidad en las Salas del Casino de Cadaqués –tercera década en Cadaqués de un autor nacido en Barcelona, pero irremediablemente empordanés– manifestan suficientemente el carácter “abierto” de la representación pictórica. A pesar de la autarquía de sus trabajos nos puede remitir al formalismo antinarrativo de los supports – surfaces, o que la abrupta orografía de sus telas mantiene intacta la herencia informalista; su lenguaje es fruto de una lenta maduración, que no solo no puede ser acotada genéricamente sino que hace de la convivencia de intentacionalidades diversas, en un mismo espacio pictórico, su razón de ser.
Cada pintura de Carbó Berthold es la actualización de un problema –esencialmente pictórico– que se alimenta de la experiencia vital de su autor y que rebrota con fuerza cada vez que intenta ser resuelto.

Traducción. 2011.


2010.- De la exposición retrospectiva 2000-2010.

G. CARBÓ BERTHOLD. TERCERA DÉCADA 2000-2010.
Por Marionna Seguranyes.
Historiadora y crítica de arte. (Set. l’Empordà).

G. Carbó Berthold nos presenta su Tercera Década, con la certeza de haber alcanzado el hito deseado, en su deambular por en medio del mar de la creación. Y son precisamente las obras concernientes a los años 2000, las que nos arrastran en mismo medio de la inmensidad del mar y cielo del Empordà de su Cadaqués estimado, al cual se encuentra enraizado desde su infancia y en el que reside desde a mediados de los años setenta.

Carbó Berthold se nos presenta hoy desde el equilibrio, la serenidad. Sus telas lentamente han ido recuperando el dibujo perfectamente absorbido por la pintura, y el gesto se ha vuelto estructura, construcción, arquitectura, en definitiva, elemento de referencia al que nos podemos coger cuando nos sumergimos en sus composiciones. Ya no nos sentimos como náufragos perdidos, en los horizontes han emergido las boyas, las posiciones de agua, que nos ayudan a navegar hacia una dirección. Una arquitectura primaria, en estos últimos años hace acto de presencia a través de los muros, ángulos, formas oblicuas, i finalmente los cruces, y es que más que nunca la pintura actual de G. Carbó Berthold es una obra de encuentro, de confluencia de sus divergentes senderos creativos y vitales.
La arquitectura ha estado presente desde su juventud cuando inicia los estudios universitarios de esta disciplina, y los azules de Cadaqués no lo han abandonado nunca, así como los rojos de sangre de las puestas de sol de este pequeño paraíso en la tierra, que él estima y ha defendido para que no se contaminase, no sucumbiese a una especie de parque temático.

Intensa búsqueda.
Su obra actualmente franquea los límites de la pintura y las diferentes piezas se convierten en complejos módulos que no llegan a ser obra acabada hasta que no encuentran su lugar, en el cual podemos considear, más allá del concepto de escultura, una instalación que se hace y deshace cada vez que la presenta. L’Esperit – Espriu, nos invita a la reflexión profunda, del ser humano enfrente del encuentro inevitable con la muerte.

Hoy Carbó Berthold presenta estos diez años intensos de búsqueda y creación, fruto de su vida de anacoreta en el pequeño pueblo de casas blancas, y el trabajo meticuloso en su estudio, mostrándonos más que nunca el equilibrio, la serenidad, en definitiva la paz interior, que tan solo se puede alcanzar después de haber visto la luz, y de haberse encontrado a si mismo.

Traducción. 2010.


2009.- De la muestra personal en la galería Odo Art en Sant Cugat del Vallés.

G. CARBÓ BERTHOLD. ESPAI, SIGNES I MATÈRIA.
Por Imma Pueyo.
Crítica de Arte ( Cultura-Diari de Sant Cugat del Vallés ).

Frecuentemente damos por hecho que la función principal del artista se limita a expresar algo, hacer visible alguna realidad física o psíquica con intenciones básicamente representativas o estéticas. Olvidamos que el artista no se limita a reproducir y que puede transformar los datos de la naturaleza, seleccionarlos, reconstruirlos, ordenarlos de una manera diferente a fin de transmitir su propia visión y de descubrirnos aspectos escondidos de la realidad. El pintor Gustavo Carbó Berthold (Barcelona 1941) examina los elementos de la realidad visual convirtiéndolos, a través del análisis y de la libre asociación, en un conjunto de formas, de signos que se esparcen por el espacio plástico.
La superficie del cuadro nos muestra las nuevas apariencias extraídas de referencias figurativas, flotando entre una reducida gama de cromatismos terrosos, ocres, negros… Son formas arañadas de la pintura con gesto controlado y trazo preciso que pone en evidencia la huella personal para distinguir su arte. Hay voluntad estética y complicidades culturales con los maestros de la pintura catalana contemporánea, especialmente Tàpies, Rafols Casamada y otros… G. Carbó Berthold se instala en Cadaqués al final de los años setenta. Su pintura estuvo vinculada con la neofiguración catalana. Pertenece a la llamada “Generación de los 60”, compuesta por artistas de algunas de las promociones que cursaron estudios en la Escola Superior de Belles Arts de Sant Jordi en esos años, y que destacaron por su amplia formación académica y recuperaron el valor del oficio de pintar expresado desde vías diferentes y personales.

Traducción libre. 2011


2007.- De la muestra individual en la galería Marges-U.

G. CARBÓ BERTHOLD. SELECCIÓN EN SU OBRA ACTUAL.
Por Cristina Vilà.
Cap de Cultura i Art del Setmanari L’Empordà.

Formes d’evolució en la galería Marges-U.

Formes d’evolució. Así ha titulado G. Carbó Berthold la exposición que protagoniza en solitario en la galería Marges-U de Cadaqués. El artista presenta una selección de piezas de diferentes formatos que proponen un recorrido por sus últimos cuatro años de producción. Algunas de las obras que se podrán admirar hasta el 29 de agosto, también se verán en octubre en la galería Pintzel de Pamplona, donde el artista expondrá (Espacio A), juntamente con la artista japonesa Nobuko Kihira (Espacio B).
Para Carbó Berthold lo más importante es “no perder el ritmo”, se corre el riesgo –dice– de “quedarse frío”; por esto quizá se ha autoimpuesto ir al taller diariamente, aunque no vaya para trabajar de forma manual, pero sí a “buscar aquel contacto” con sus obras. Después de una vida dedicada al arte –durante algún tiempo, años 70’, lo compaginó con la docencia– y de conseguir un estilo propio que lo define, valora que esta búsqueda puede volverse un arma de doble filo. “Con la madurez tienes un lenguaje más propio y no te escapas de él. Y aunque está bien tener un estilo, si te acomodas… es mejor ser libre” – apunta. Ser libre como ahora en que Carbó Berthold ha ido siguiendo el camino trazado, potenciando la “integración” del fondo con la forma, y dándole cierta volumetría. Su abstracción, donde siempre el artista busca la sugerencia, no está reñida con el juego cromático, “El color enriquece” – apunta. El interés final es, para el pintor, que la obra tenga vida.
Encontrar el equilibrio. La búsqueda del artista es, en palabras de Carbó, la necesidad de “resover una superficie de una forma armónica y equilibrada”. “Es cierto que dentro de la obra hay una parte de tu persona, pero si consigues darle un equilibrio ya está todo cumplido”, reconoce el artista, y añade que lo más importante es el “diálogo con la obra”. Pero ¿cuándo comienza el proceso creativo? Para Carbó Berthold, éste arranca justo cuando se prepara la tela. Al artista le agrada trabajar sobre ella, y comenta “una superficie que no sea dura, porque el tacto es importante”. Algunas de las telas que se muestran ahora, finalmente están encoladas sobre madera, pero el trabajo, es decir, el pintarla se ha hecho con anterioridad al encolado. Las otras obras de mayor tamaño se han realizado con el método tradicional, pintadas sobre el bastidor.

Hace 25 años que G. Carbó Berthold decidió establecerse en Cadaqués. Era éste el pueblo natal de su padre y del citado lugar conserva en la memoria aquella sensación de libertad y de paraíso reencontrado de sus veranos de infancia. “Fue desde entonces cuando cogí una adicción muy fuerte por Cadaqués” –confirma. Después de casi tres décadas de convivencia con un mismo paisaje y del aislamiento circunstancial bajo el cual vive el pueblo, Carbó Berthold se pregunta si tomó la mejor decisión. “Cadaqués hay que disfrutarlo como un turista, nosotros aquí trabajamos…” – explica el artista, que puede dar fe de la transformación sufrida. Él no está en contra del progreso, pero es preciso ser coherentes con el crecimiento urbanístico y por otro lado cuidar más a los artistas y los espacios dedicados a la cultura.

Traducción libre. 2011.


2005.- De la exposición en Espace ARTsenal en Délèmont, canton et republique du Jura , Suiza.

APRÈS TÀPIES, LE CATALAN CARBÓ BERTHOLD EXPOSE SES OEUVRES DANS LE JURA.
(“Le Quotidien Jurassien”). Délèmont.

Después de la exposición de Tàpies en el Museo jurassien des Arts de Moutier, otroartista catalán tendrá el honor desde mañana en Délèmont de exponer sus obras en elespacio de arte ARTsenal. En efecto, será la segunda exposición organizada en el ciclo de muestras con Catalunya.
El público descubrirá las telas de Carbó Berthold. Residente en Cadaqués, población situada en los contrafuertes de los Pirineos. Llevando una vida monástica, el artista hace valer su pintura dentro de la abstracción y con los signos de un lenguaje universal. Ha expuesto en numerosos lugares, en particular en Madrid, Barcelona… en España, también en Italia, Alemania… Japón.
En los años setenta formó parte de la Nueva Figuración. Después, en los años ochenta la abstracción se hizo para él inevitable. Se puede calificar su obra como una introspección de una realidad caracterizada por el aislamiento o la alteración de elementos visuales y no como sinónimo de no figuración. Las formas concretas pierden su significación objetiva para “llegar” a una imagen pura.
Es preciso mirar detrás de la plasticidad pura y la abstracción radical donde siempre se esconde una cierta forma de discurso. Menos literal este discurso es, a pesar de todo, sutil, respondiendo a una mirada profunda que no se contenta con la superficie evidente.Solo quedan precisos los colores en sus diversas tonalidades que aparecen y desaparecen en tiempos y en intensidades variables.

Traducción libre. 2011.


1999. Síntesis del artículo publicado en el periódico AVUI (Barcelona).

PINTAR I EXPOSAR A CADAQUÉS.
Por Xavier Barral i Altet.
Antiguo Director del Museu d’Art Nacional de Catalunya.

Por Cadaqués han pasado tantos artistas que los “Cent Anys de Pintura a Cadaqués” de Joan Josep Tharrats (1981), se han quedado cortos. Al lado de los Dalí, Derain… y de muchos más, de tiempos pasados, con los actuales Arranz Bravo, María Girona, Ràfols Casamada, Todó y otros que viven o van, Carbó Berthold también tiene su lugar. De los que están todo el año, es el más antiguo, con el japonés Koyama.

El Museu de l’Empordà le dedicó una retrospectiva de 10 años pintura en Cadaqués. Carbó Berthold, un hombre fiel a una realidad y a la vida artística de un pueblo, que conoce los límites y acepta las dificultades.

¿Qué quiere decir vivir todo el año en Cadaqués según la fórmula de la hermana de Dalí? Sin duda asumir la tradición, deslumbrarse con el paisaje, dejarse adormecer por la atmósfera, vivir lejos del centro internacional del arte y aceptar los ritos; un latido con ritmos discontinuos según la estación y el estado de ánimo. Quiere decir también, medirse continuamente con el pasado y saber que los honores de este mundo no llegarán nunca allá, a ras de mar, detrás de las montañas.

G. Carbó Berthold nació en Barcelona. La predisposición a volver a Cadaqués quizá venía de aquella parte de su familia que era originaria de ahí. Con anterioridad empezó arquitectura, después acudió a Llotja (Arts i Oficis de Barcelona), e hizo Bellas Artes (De1962 a 1968). El entorno familiar de grabadores y amantes de las artes plásticas también le ayudó.

Es un hombre discreto que prefirió la soledad de Cadaqués a cambio de dejarse seducir a cada instante por el paisaje. No hay “escuela de pintura de Cadaqués”, solo artistas que trabajan bajo la misma influencia: aquel peso del paisaje, el ruido del mar, la fuerza del “Empordà”. A partir de ahí, las individualidades estallan.

De su infancia en Navarra, en Estella hasta los 16 años, a la sombra del palacio medieval de los príncipes de Navarra, le quedan muchos recuerdos.

De las influencias de juventud no ha olvidado al pintor inglés Francis Bacon… ni a los amigos de estudios.

Carbó Berthold tiene una gran continuidad dentro de su creación. Es un camino lineal. No pinta para los elogios de la crítica. Algunos dicen que ha tenido tres períodos en su Mundo de Cadaqués. De 1978, en que llega con sus figuras distorsionadas; como si Bacon le hubiese revuelto el univerdo visual, sin hacerle perder, por suerte, el gusto por los colores. De 1981 a 1983, la naturaleza se le impone, como si no pudiese hacer nada para evitarlo. Los colores se oscurecen. Y en los últimos 15 años se habría lanzado, sin retorno, a una abstracción ilusoria.

La creación es estructura de la pintura. Una línea contínua, uniforme y sin debilidades le lleva hacia la madurez. Su inspiración la encuentra en los conceptos más difíciles: movimiento, espacio, equilibrio, entorno, variación… Ahora es auténticamente él.

En sus obras introduce, cada vez más, una especie de caligrafía que mira hacia Japón. Comparte la vida cotidiana con el Japón; pero con anterioridad ya tenía amistades de este país. El Japón es su sabiduría interior. Huella, gesto y espacio cromático son sus pinceladas.

Queriendo resolver plásticamente una superficie se ha dejado ir, más o menos voluntariamente, hacia los espacios volumétricos y hasta las instalaciones, con esculturas desmontables y formas tridimesionales.

Le gustó participar en los “CAP d’Art” (Muestras Intern. e Instal. en Cap de Creus); una manera de penetrar en el paisaje, mejor todavía que la observación.“Arc Fèrtil” fue la obra inventada el año pasado; mientras que en éste, con “Sol-So” ha querido provocar la luz y la música más intelectuales en ese marco natural.

Carbó Berthold “dibuja” bien. Las cosas que ha tocado, artísticamente hablando, las ha hecho con seriedad y orden. Él no quiere explicar nada. Busca crear una atmósfera, de sugerir con pintura, de llegar a dentro.
Disfruta asimilando cosas que antes no les gustaban. Como Guinovart, es pintor porque, ante nada, quiere resolver un espacio.
Pinta con una extraña erudición, aunque no pretende cambiar el mundo, ni hacer historia. Es pintar por pintar. Es conocido en Alemania, Japón y otros lugares del mundo; pero pinta en Cadaqués, lejos del mundo.

Traducción libre y síntesis. 2003.


1999-2000. De la muestra Década 1989 – 99. Centre Cultural Les Bernardes, Salt. Museu de Cadaqués.

G. CARBÓ BERTHOLD. DE VOCACIÓN Y PROFESIÓN, ARTISTA.
Por Yolanda Falcó. Crítica de Arte.
Setmanari Hora Nova.

Carbó Berthold pertenece a aquel grupo de artistas que solo concibe la vida a través del arte. Son de aquella clase de pintores que se encuentran en un constante proceso de creación, siempre innovando y a la vanguardia de cualquier movimiento pictórico.
Por eso es considerado, no solo en su Cadaqués familiar y adoptivo, sino entre las mejores galerías de Europa un excelente artista con más de 50 exposiciones individuales y más de 500 colectivas.
Bajo su aspecto de hombre de pocas palabras, inquieto e inquietante, siempre inmerso en un mar de pensamientos y con una mirada profunda, G. Carbó Berthold desde su estudio de Cadaqués va desarrollando un mundo particular, de color y con formas cada vez más gestuales.
Hace 25 años que Carbó Berthold se trasladó definitivamente a Cadaqués. Hasta el invierno de 1978 pasaba en este pequeño municipio largas temporadas, bebiendo del ambiente bohemio y creativo que llena cada uno de los rincones de sus estrechas calles y en aquella playa bañada por un Mediterráneo especial, más azul y más tranquilo.
Precisamente esa tranquilidad era la que buscaba el pintor. Quería alejarse de la ciudad para internarse en el paisaje del Cabo de Creus.
Fue cuando nació una relación muy especial entre creador y creación. Carbó Berthold supo encontrar en Cadaqués este equilibrio caótico y abierto que todo artista desea. Y fruto de esta relación su pintura adquirió madurez, la desnudó de los aspectos banales, para llegar a una abstracción entendida como simple introspección de una realidad. Era lógico que había sufrido una evolución. Dejó el “objeto” a nivel formal, tal como se puede ver en su obra de los años ochenta, porque se sentía ahogado por la figuración, y adoptó el arte de las no-formas, de la alteración formal, y de la no figuración.
En cada una de las telas de Carbó Berthold hay una pincelada de este micro-universo que él se ha creado, porque su pintura es el propio paisaje cromático donde se condensa gesto, expresión y color, donde la composición toma el protagonismo, ya que sus telas son, en un primer momento, monólogos que buscan, después, un interlocutor para convertirse en diálogo reflexivo.
Es por este motivo que las pinturas de Carbó siempre sorprenden. El espectador no se queda nunca indiferente delante de un cuadro de este artista. Para aquellos que ya conocen su trayectoria, su trabajo siempre se encuentra en evolución constante, y para aquellos que la desconocen, se encuentran con un océano de imaginación, inagotable fuente de inspiración.

Traducción libre. 2011.


Fragmento del escrito en la muestra retrospectiva de 1989-99.
Por Eudald Camps.
Crítico de arte. (Diari de Girona)G. CARBÓ BERTHOLD.
Es un artista firmemente asentado en las bases de un arte que ha ido madurando lenta, pero ininterrumpidamente.
Siguiendo las acertadas palabras de la crítica de arte Mariona Seguranyes, diríamos de su evolución que ha sido pausada, pero segura. Fue fiel a una especie de pseudofiguración conocida en los años 60 y 70 como “Nova Figuració” hasta la década de los 80, con la que consiguió diversos éxitos en certámenes, como el primer premio de Pintura de la III Bienal Internacional de Eivissa – 1968; el primer premio de Dibujo en la III Bienal Internacional del Deporte en las Bellas Artes – Barcelona 1971; o el único premio de Pintura en la IV Bienal Internacional Blanco y Negro – Madrid 1976; y en esta ocasión consiguió, según el escritor y crítico de arte Enrique Azcoaga, una apertura realmente importante en aquel momento, tanto en criterio como en la proyección exterior de la mencionada Bienal.No obstante el punto de inflexión en la obra de Carbó Berthold deberíamos situarlo a principios de los ochenta, a partir de entonces se adivina que la abstracción será inevitablemente la protagonista de sus trabajos.Entorno a su abstracción, Jordi Rodríguez Amat escribiría que hay que entenderla “como simple introspección de una realidad, es decir, como aislamiento y/o alteración de unos elementos visuales y no como sinónimo de no figuración. Las formas concretas pierden cada vez más el significado objetual para volverse imagen pura, pero siempre con un trasfondo antropomórfico.Nos encontramos por tanto, con una deseada renuncia a la literalidad del discurso y con una clara vocación plástica. Como ejemplo de ello, pensamos en sus instalaciones en la “I y II Mostra Internacional d’Instal·lacions en Cap de Creus”, o con sus esculturas desmontables que expuso en la galería 141 de Nagoya, Japón, en 1997.Siguiendo con la idea de plástica pura dibujada por Rodríguez Amat, sería interesante mirar el trabajo de Carbó Berthold desde esta perspectiva; así mismo es obvio que tras la plástica pura o la abstracción más radical, siempre se esconde alguna forma de discurso menos literal, pero igualmente discurso. Pensemos si no, con la abstracción característica de la música y su vertiente programática. El discurso de Carbó Berthold es sutil y responde a una mirada profunda que no se contenta con la superficie evidente de aquello que le rodea; la metáfora musical nos es especialmente útil con su trabajo; solo es preciso que consideremos los colores como diferentes tonalidades que aparecen y desaparecen en tiempos e intensidades variables.De esta manera la composición subyacente elimina la aleatoriedad de aquello que podríamos nombrar abstracción pura –si es que existe esta posibilidad– y define unas obras, a pesar de todo, firmemente estructuradas. La pintura habla con lenguaje propio, silencioso, pero penetrante.Traducción libre y resumen del escrito original. 2003.

1998. ART. Diari de Girona.

CARBÓ BERTHOLD. DE LA FIGURA A L’ABSTRACCIÓ.
Por J. Rodríguez-Amat
Dctor. de la Fundación Rodríguez-Amat.

Un artista que ha cultivado desde la pintura al grabado, pasando por la escultura, y que se ha marcado un camino artístico muy de acuerdo con el contexto que lo rodea. La experimentación ha llegado a ser una constante.

G. Carbó Berthold es hoy, después de muchos años de trabajo y creación, un pintor con una larga trayectoria profesional. Fue en la mitad de la década de los sesenta, en la antigua Escola Superior de Belles Arts de Sant Jordi, Barcelona, donde G. Carbó Berthold aprendió el “oficio”. Sanvicens, García Morales, Muntaner… son algunos de los personajes, reconocidos hoy, que supieron transmitir, ayudados por horas y horas de duro trabajo un conocimiento manual, y no solo el concepto, a todo un conjunto de jóvenes entusiastas que veían en el arte, la herramienta que les permitiría la ejecución de la propia individualidad.
Práctica y Concepto.
Si la falta de oficio puede llegar a condicionar al artista en el momento de crear, ese conocimiento puede estrechar la idea y sujetarla a la misma acción manual. El artista Carbó Berthold ha sabido liberarse de la propia experiencia para alcanzar el difícil equilibrio entre la práctica y el concepto. Un equilibrio que le permite el desarrollo absoluto, libre y sin encogimiento, de sus ideas plásticas y la proyección del individuo en la propia obra.
Finalizados los estudios oficiales, inicia su camino artístico: una beca de la Fundación de Arte Castellblanch le permite viajar por Europa y descubrir las nuevas tendencias, que en aquellos momentos, la década de los setenta, y en nuestro país, eran todavía de difícil acceso. La rotura con el academicismo inherente en la Escuela de aquel período es inevitable, y muy pronto la obra de Carbó Berthold se reviste de los elementos plásticos que caracterizan su pintura: la fuerza, el equilibrio, el dinamismo plástico y, entre muchos otros, el movimiento virtual de los grafismos formales y cromáticos. “Si no hay movimiento, el Arte está muerto”, proclama el propio artista.
De vuelta a Catalunya, Carbó se integra a un grupo heterogéneo de artistas de existencia efímera que solían exponer en la Sala de Arte Moderno de la calle Petrixol, Barcelona. Desde entonces, las diferentes exposiciones se suceden dentro y fuera del país. Para Carbó Berthold, como para muchos otros creadores, la duda es el leit motive que acompaña al desarrollo de su trayectoria pictórica; sugeriendo Descartes, el mismo pintor manifiesta “Si dudo, existo”. La duda es arte del individuo, es el simple motor de la creación, es la manifestación de una personalidad inquieta, marcada por aquella inestabilidad que permite al artista buscar constantemente el equilibrio de todos los elementos plásticos a su alcance. La duda permite examinar, analizar y averiguar para, finalmente, acceder a la obra acabada por medio de un trabajo hecho con inteligencia, intuición y oficio. Si bien a nivel formal el objeto aparece en la obra de G. Carbó Berthold hasta final de los ochenta, a partir de entonces el pintor se encuentra ahogado por la figuración y comienza un proceso que, poco a poco, introduce su pintura en el campo de la abstracción. Abstracción entendida como simple introspección de una realidad, es decir, como aislamiento y/o alteración de unos elementos visuales, y no como sinónimo de no figuración. En este momento de cambio, se produce un punto de inflexión en su pintura; las formas concretas pierden cada vez más el significado objetual y se tornan imagen pura, pero siempre con unas referencias antropomórficas. La figura humana ha sido pues la llave en una y en otra época.
Ritmo sometido a las ideas.
Hoy la idea traducida en concepto se vuelve forma y a la vez contenido de la obra. Su método de trabajo es irregular, el ritmo de producción está constantemente sometido a las ideas que es preciso exprimir y desarrollar hasta agotarlas. Muchas veces hace falta comenzar de nuevo, tomar notas, seguir nuevos caminos para nuevamente traducir otros conceptos en valores formales y cromáticos. Individuo, idea y contenido llegan a ser, de esta manera, una realidad común.
Aunque Carbó Berthold, también trabaja con pequeños formatos, su obra se concreta, generalmente, en obras de grandes dimensiones, ejecutadas a base de pigmentos y látex. El gran formato está vinculado a la pintura mural, las grandes superficies permiten siempre la dilatación y la distensión no tan solo de los componentes de la obra, sino sobretodo del espíritu del creador.
Si de una forma atrevida estableciésemos un vínculo entre pintura y literatura y entre pintura y música, la primera conectaría con todas las tendencias descriptivas en que la narración establece los valores primeros de la obra: surrealismo, hiperrealismo i pop, entre otras. La segunda enlazaría con todos aquellos ismos en que los elementos plásticos prevalecen por encima de cualquier principio de aspecto narrativo. Es en esta última línea que Carbó Berthold apuntala su obra actual. La plástica pura, pues, desligada de cualquier valor descriptivo y tendiendo, cada vez más, a satisfacer la necesidad de trascender del propio individuo por medio del simple acto creativo, viene a ser principio y fin de su doctrina estética.

Traducción libre. 2011.


1988.- Exposición en el Museu de l’Empordà.

G. CARBO BERTHOLD. 10 ANYS DE PINTURA A CADAQUÉS.
Por Enric Sales
Crítico de Arte.

La marinera villa de Cadaqués ha sido el entorno físico y humano donde se ha desarrollado, en parte, la trayectoria plástica de este pintor barcelonés.
Tradicional refugio de artistas, que desde Meifrén, Picasso, Dalí y tantos otros –nacionales o extranjeros– la han escogido por su belleza y por la de su entorno – el agreste litoral del Cabo de Creus, como lugar de veraneo o de residencia. Esta última opción es la de nuestro artista, que toma este marco, y la dureza y quietud que lo rodea casi todo el año, fuera del pico del verano, para realizar su trabajo.
Sorprende que tan gran número de artistas reunidos en un solo lugar no hayan creado una escuela plástica, sino que han surgido fuertes personalidades artísticas que conviven en la misma población sin interferirse en sus estilos.

Cuando Carbó Berthold decide dedicarse únicamente a la pintura, o mejor dicho a la plástica, dado que también ha hecho estructuras tridimensionales, escoge como lugar de residencia Cadaqués y no cualquier otra ciudad con mejores contactos artísticos, galerías de arte, museos…
Nacido en Barcelona, pasa su infancia en Estella, Navarra, y vuelve a la ciudad Condal para realizar sus estudios de arquitectura, inacabados, y de Bellas Artes que le capacitan para dedicarse a la docencia en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona desde 1070 a 1973, y al mismo tiempo pintar, lo que le permite ganar diferentes premios nacionales e internacionales, participando también en la experiencia colectiva de la “Sala de Arte Moderno” en Barcelona.
En 1977, año de crisis económica, de crisis de movimientos libertarios, y de la incipiente democracia española, mientras los hippies se transforman en yuppies o en ecologistas, Gustavo Carbó abandona Barcelona y la enseñanza, y toma como lugar de residencia Cadaqués. Así como con anterioridad eligió la profesión de su abuelo, grabador, ahora lo hace con el pueblo de nacimiento de su padre.
Para comentar estos diez años de pintura en Cadaqués, los podemos dividir en tres grupos:

1978-1981. Todavía quedan algunas influencias de sus inicios, como el impacto del pintor inglés Francis Bacon, la gran figura que provocó la “rotura” delante del arte academicista que se enseñaba a toda su generación en la Escuela Superior de Bellas Artes. Así, a la vez que perduran las figuras humanas –muy distorsionadas y fragmentadas– se van estructurando los espacios en los cuales están integradas. Y con colores, artificialmente recrea, en una sola tela, dípticos o trípticos. Los elementos compositivos son abstractos o difícilmente identificables: masas amorfas, cintas, fragmentos de cuerpos…, están en función y como soporte de los colores. Colores limpios, poco matizados y muy contrastados.

1981-1983. Las relaciones estructurales se vuelven más tensas con la incorporación de la naturaleza –una naturaleza nada realista– y la aglomeración de elementos, fragmentos de objetos ingrávidos que flotan en un caos controlado, en unos ambientes interiores, abiertos al exterior, y con detalles del cuerpo humano centrando la composición. Los fondos ya no son planos, y las pinceladas son visibles y crean matices. El color es mate, más oscuro y menos contrastado, pero todavía algunos grafismos emergen del fondo aumentando las tensiones.

1984-1988. La evolución más evidente, es la indefinición de los contornos de la figura humana, más sugeridora, que aparece como una abstracción, en que la pincelada es evidente; así como en los fondos, de nuevo muy abiertos y amplios, pero muy vibrantes por las pinceladas –ricas en gamas de color– que contrastan todavía con los pequeños grafismos. Obras más equilibradas que antes, más desnudas de anécdotas, donde hay una cuidada relación entre el espacio y los elementos compositivos. Sorprende agradablemente el contraste entre los cuadros de gran formato, de rigurosa estructura, y los de pequeño formato, más libres, pero que agrupados en un solo marco forman una unidad rigurosa.
En toda su trayectoria se nota una gran fidelidad al movimiento estético del cual salió la “Nova Figuració”, pero con una evidente intención experimental, de continua búsqueda e investigación.

Traducción libre. 2011.


1998. Cultura / Setmanari L’Empordà.

G. CARBÓ BERTHOLD. UN ARTISTA INTENTANDO ARAÑAR LO ABSOLUTO.
Por Mariona Seguranyes.
Crítica e Historiadora de Arte.

Para entender la pintura actual de G. Carbó Berthold, tan solo hace falta pasear en silencio por el Cap de Creus y ver cómo el paso de las horas van manchando de diferentes pigmentos, el cielo, el mar y las rocas, hasta transformar este entorno natural en un espacio fantástico.
Su formación artística se inicia en la Escuela Superior de Bellas Artes de Sant Jordi, en Barcelona, en los años sesenta, donde protagoniza juntamente con toda una serie de artistas el cambio pictórico, delante del informalismo de la generación anterior, con la denominada “Nova Figuració”.
A partir de la mitad de los esos años sesenta expone por todo el mundo, obteniendo diversos premios de gran prestigio en bienales de Europa. Es gracias a estos viajes que conoce la obra de Francis Bacon, que en un primer momento le marcará, en la que podríamos llamar primera etapa; unas composiciones donde aparecen fragmentos de cuerpos humanos sobre un fondo de colores ácidos y agresivos. A continuación, a finales de los setenta y principio de los ochenta pasa a otro momento de su obra donde se acentúa la preocupación por la acción y el movimiento de las figuras de sus piezas y como éstas encajan y van estructurando el espacio. En estos momentos, concretamente en 1978, hay un cambio brusco en la vida de G.Carbó; éste decide abandonar Barcelona para trasladarse de forma permanente a Cadaqués, pueblo que conoce desde su infancia, por ser el de su padre. Esta determinación es muy dura, porque es aislarse en solitario, pero es justamente lo que busca nuestro pintor, acercarse más a la naturaleza sin el ruido de la gran ciudad. Carbó Berthold describe la influencia de Cadaqués como “influencia psíquica” transmitida por el tiempo, la tramuntana, el mar y las rocas. Los verdes y los amarillos terriblemente ácidos de sus composiciones se transforman en azules intensos y rojizos cálidos, y la figura se va diluyendo parsimoniosamente entre los pigmentos. Las obras que hoy podemos admirar son fruto de una evolución lenta, pero segura, contienen en ellas una abstracción que no se nos hace extraña, sino que con ella nos sentimos cómodos.
El arte de Carbó Berthold es una necesidad del hombre que le puede sanar de sus angustias más escondidas. El acto de crear lo ve como un intento de arañar en aquel absoluto, inabastable, volviéndose así la obra, valioso tesoro, que contiene en si un pedazo de este infinito tan alejado al hombre.
En las telas de Carbó, el hombre se hace huella, gesto, y el paisaje espacio cromático y nos arrastran hacia nuestro rincón más íntimo, introduciéndonos en un estado profundo de contemplación. Su pintura nos seduce de la misma manera que nos puede seducir una sinfonía de Stravinsky, o bien una composición minimalista, y el ritmo se encuentra detrás de sus pinceladas planas y de sus drippings.
Entre sus últimas exposiciones más importantes destacamos la de los “10 Años de Pintura en Cadaqués” en el Museu de l’Empordà en 1988, la del mayo de 1997 en la galería 141 de Nagoya, Japón; y como más recientes citamos la de estos meses de julio y agosto en las Salas del Casino de Cadaqués, y la de la galería 98 en setiembre-octubre, con obra muy actual.
De regreso a casa, por la carretera hacia Figueres, no puedo evitar el dar una última mirada al mar, y adivinar entre sus olas rojas por el crepúsculo, una de las obras de G. Carbó Berthold.

Traducción libre. 2011


1984.- Exposición de pintura (1978-84)

REVISTA PRESENCIA.- “Hablemos de Arte” por Jaume Fàbrega, crítico de arte.

G. CARBÓ BERTHOLD. ESPACIOS Y ESTALLIDOS DE CONVIVENCIA CROMÁTICA.

Los impresionistas pintan con manchas de colores, partiendo del hecho de que la retina ya recompondría los colores reales con todos sus matices. Carbó Berthold, hijo de las vanguardias, y no prófugo, lo que hace es descomponer las formas, a fin de que sea el espectador quien reconstruya los espacios estallados.

G. Carbó Berthold, Barcelona 1941, presenta ahora la obra realizada entre 1978 y 1984. Una obra que ya de antemano, hay que calificarla de espléndida, madura y contundente, y hay que decirlo, cuando esto, a causa de las modas pictóricas lanzadas frenéticamente a toque de marketing, comienza a ser un bien escaso.
La obra de este pintor, por su multifacética cantidad de registros, por la perfección manual que comporta, e incluso por los frecuentes deslumbrantes (y por qué no, decorativos) resultados formales, es de aquellas que no nos pueden dejar indiferentes. Ni tan siquiera a los educados en el gusto académico o que todavía creen que el Impresionismo, por ejemplo, es el no va más de la vanguardia. Al margen, pues, del gusto personal o de la receptividad hacia una obra no convencional, nadie puede quedar indiferente.
Ya indicaba antes el método de composición del que parte el pintor; la destrucción previa de todos los elementos del cuadro –formas humanas, vestidos, objetos, animales, paisajes, entorno arquitectónico– para, poco a poco, como el que recompone un rompecabezas con espíritu lúdico, y no con el de un arqueólogo o archivero, reconstruirlo.

JUGAR RECONSTRUYENTO. Pero no se trata, ya lo he insinuado, de una recomposición-restauración, sino de una rehabilitación juguetona, y por qué no, incluso sensual, a pesar de la razón, solo de alguno de los elementos. Así los personajes que aparecen sin los vestidos, todavía aparecen en fragmentos. Quizá se han salvado enteros los animales domésticos, pero en cambio de la “tetera” solo aparece un fragmento, y el entorno arquitectónico queda también cuarteado y el resto del espacio o del color, agrietado. Porque el segundo paso, naturalmente, no es intentar unir exactamente fragmentos del ser y de cosas identificables, sino, sin olvidar nunca que esto es un cuadro y no una realidad, el color o la forma, también, como en un juego de espejos de múltiples facetas, se deshace y se vuelve construir. De esta manera, con frecuencia aparecen zonas de color de un estallido deslumbrante y de una potencia y sensualidad cautivadoras, más allá de las recetas del manual entorno a la armonía (verdes, amarillos, malvas) a veces llenándolo todo, a veces situados en zonas con una estructura tipo “pattern” (muestra) y “all over” estructura repetitiva).
EL AZAR CONTROLADO. Es decir, Carbó Berthold incorpora, de una forma inteligente y meditada, diversos momentos de la pintura contemporánea, no como un ecléctico “catacaldos”, sino como un pintor de nuestra época que conoce sus raíces y la sintaxis plástica que la ha hecho posible.
Como un poema vanguardista, un caligrama, o como una pieza de música aleatoria –y donde el azar, finalmente, es tan racional como cualquier otro sistema– los cuadros del pintor de Cadaqués tienen el aspecto de un caos meditado, porque, al fin y al cabo todo está en su sitio y porque, de las cosas, solo se designa aquello más importante, nunca lo accesorio.
Colores ácidos e inarmónicos (en el mejor sentido de la palabra) a la vez agresivos y tiernos y al mismo tiempo anticomplacientes y decorativos, hacen costado a formas vagas o en cambio, prodigiosamente precisas y en cuya gestualidad y construcción tienen un papel equilibrado.
Un lenguaje al servicio de una temática homogénea: el entorno doméstico con sus ritos y objetos –el desayuno, el ocio– y la inmediata y civilizada de un paisaje filtrado por la arquitectura, en un perfecto y casi novecentista maridaje ecológico, dentro de un contexto, en el que, a pesar de la dispersión producida, cada cosa, cada objeto, cada personaje, cada color, cada forma, está en su sitio.

Traducción libre. 2011.

 

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

¿Olvidó sus datos?